Archivos Mensuales: marzo 2018

La prisión permanente revisable como síntoma.

Hay algo sublime en la renuncia a la pena de muerte por parte de las sociedades y sur órganos de justicia, algo que nos hace sentir que hemos dado un paso hacia un mundo mejor y hacia un ser humano más perfecto. Y no se trata de un sentimiento vago relacionado con el ejercicio de la generosidad o de la adscripción a modas progresistas. Se trata más bien de un gesto inequívoco de renuncia a la justicia del ojo por ojo para remplazarla por el deseo de hacer una sociedad mejor y de corregir a sus miembros descarriados o desocializados, sirviendo su reclusión a los objetivos de enseñar a todos que el incumplimiento de la ley se castiga, de evitar la amenaza inmediata del delincuente y de corregir su conducta desviada. Estos objetivos, aun si no se alcanzaran, nos hacen sin duda mejores como sociedad, al menos en relación a los paradigmas morales que rigen el comportamiento del ser humano actual, sean éstos los principios de la democracia moderna, la declaración universal de los derechos del hombre o el humanismo cristiano.

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