Archivo de la categoría: prisión permanente revisable

La prisión permanente revisable como síntoma.

Hay algo sublime en la renuncia a la pena de muerte por parte de las sociedades y sur órganos de justicia, algo que nos hace sentir que hemos dado un paso hacia un mundo mejor y hacia un ser humano más perfecto. Y no se trata de un sentimiento vago relacionado con el ejercicio de la generosidad o de la adscripción a modas progresistas. Se trata más bien de un gesto inequívoco de renuncia a la justicia del ojo por ojo para remplazarla por el deseo de hacer una sociedad mejor y de corregir a sus miembros descarriados o desocializados, sirviendo su reclusión a los objetivos de enseñar a todos que el incumplimiento de la ley se castiga, de evitar la amenaza inmediata del delincuente y de corregir su conducta desviada. Estos objetivos, aun si no se alcanzaran, nos hacen sin duda mejores como sociedad, al menos en relación a los paradigmas morales que rigen el comportamiento del ser humano actual, sean éstos los principios de la democracia moderna, la declaración universal de los derechos del hombre o el humanismo cristiano.

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¿Es la prisión permanente revisable una gran equivocación?

(Ensayo académico, provocador y sofista para mis alumnos de derecho penitenciario)

Existe la tendencia entre los idealistas de atribuir a los grupos y a las organizaciones los vicios más abyectos, al tiempo que se les exige actuar desde la virtud más estricta. A las empresas, a la iglesia y, por supuesto, a las sociedades, se las supone dotadas de una conciencia propia e inclinada hacia el mal, y se las convierte en culpables de las desgracias de los hombres. La sociedad es responsable de las faltas de sus miembros más débiles, a los que corrompe, explota y abandona después a su suerte. Y aunque resulta quizá injusto atribuir a la sociedad tanta perversión -y no haya en ningún lugar oculto un gran hermano al mando de sus diabólicos designios-, hemos de aceptar que se trata de un ente imperfecto, que admite e incluso fomenta la injusticia y la doble moral en su seno, que permite que algunos de sus miembros se beneficien indebidamente de otros y que, en muchas ocasiones, contribuye a la degeneración de quienes la integran. La sociedad es, en alguna medida, responsable. Como culpable son los seres humanos individuales de sus pecados, llamando pecados a los perjuicios más o menos graves que injustamente causamos a los que nos rodean.

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